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(…) Mi tema tiene que ver con que
si es posible gobernar las metrópolis.
Las metrópolis se nos aparecen como territorios
de tal complejidad en cuanto a los actores que
intervienen, a la multiplicidad de competencias,
de intereses, hasta de culturas y de puntos de
vista, que por momentos cabe la duda de si son
territorios ingobernables. De todos modos
esta frase “gobernar las metrópolis”
está sobre la mesa no sólo en Buenos
Aires, el Banco Interamericano de Desarrollo está
publicando un volumen con estudios de varios especialistas
que precisamente se titula “Gobernar la
metrópolis”.
El tema tiene una cierta historia
que vamos a tratar de resumir, hubo un
período en los años ‘60 y
hasta avanzados los ‘70, en donde
en muchos países, no sólo en el
mundo desarrollado sino también en nuestra
región, los estados nación asumieron
la problemática metropolitana con bastante
fuerza y en general tomaron una intervención
en el tema. Formaron gobiernos o autoridades metropolitanas
lo más cercanas posibles a gobiernos, que
tuvieran la capacidad de ejecutar políticas.
(…)
Hay un segundo momento en el cual esta
mirada fuertemente centralista, estatista y de
alguna manera tecnocrática y sectorial
comienza a entrar en crisis. Y los factores
de esta crisis son varios; tienen que ver con
los procesos de reestructuración del Estado
y el avance de las posturas neoliberales, la desregulación
y la privatización, que de alguna manera
ven en estas grandes estructuras creadas para
gestionar las metrópolis un obstáculo
al libre funcionamiento de los mercados.
Hay otro factor que paradojalmente ha
incidido que son los movimientos descentralizadores,
que sobre los ‘80 comienzan a darse con
fuerza en Europa. Estos movimientos descentralizadores
de alguna manera dicen “el poder a lo local,
el desarrollo local, la autonomía local”.
Un ejemplo muy cercano lo tenemos en la Constitución
brasilera de fines de los ‘80 que establece
que los municipios son integrantes del pacto federativo,
del mismo modo que los estados y que la unión
y les asigna completamente la función de
gestión del suelo y del territorio.
(…)
Y llegamos a los últimos años
donde lo metropolitano vuelve a emerger como un
tema de agenda pública, con una
necesidad de respuesta. Pero lo que observamos
es que ya no emerge con las mismas filosofías,
esa filosofía centralista y un poco tecnocrática
de los ‘60 ha dejado paso a una desconfianza
hacia este tipo de estructuras tan centrales.
Hay un aprendizaje y empieza a aparecer
la palabra “gobernanza” en las discusiones.
Gobernanza que a veces se mal entiende como una
contraposición a la idea de gobierno, en
realidad el enfoque tiene que ver con ampliar
la idea de gobierno, colocarla en un contexto
más amplio, y poder decir “los sistemas
sociales complejos no dependen solamente de lo
que decide un centro de poder público,
sino que dependen en su desarrollo real de una
multiplicidad de acuerdos, desacuerdos, conflictos,
donde una multiplicidad de actores está
de hecho interviniendo”.
Una primera idea descriptiva de lo que se entiende
por gobernanza es ese juego de interacciones
entre actores múltiples, públicos
y privados, nacionales, regionales y locales,
del cual va emergiendo, a veces de forma más
explicita, a veces más implícita,
una cierta conducción real del proceso
de desarrollo. Si tomamos gobernanza
en un sentido más normativo y decimos “buena
gobernanza” como si dijéramos “buen
gobierno”, entonces vamos a estar aludiendo
a la construcción conciente de capacidades
de conducción y de acción regional
efectiva por parte de una sociedad compleja.
Entonces un poco ahí el cuadro que ustedes
tienen a la vista hace una contraposición
mostrando como el enfoque de gobierno y el enfoque
de gobernanza se van desplegando en relación
a distintas cuestiones que tienen que ver con
cuál es el actor privilegiado, cómo
se pasa de una mirada exclusiva al actor publico
a un sistema de actores, hasta temas que tienen
que ver con cómo se concibe la planificación,
cómo se concibe el futuro, y como ustedes
pueden ver esta tesis que planteamos es que la
gobernanza viene a ser una ampliación y
recalificación de la idea de gobierno.
Si a la gobernanza la tratamos de entender
desde su complejidad, vemos que no es
el resultado directo o lineal de un sistema de
instituciones, sino que es el resultado de un
sistema institucional, de un sistema de actores
y de unas formas concretas de hacer política
y de gestionar. Esto nos vincula a temas que se
plantearon durante la mañana de este Foro,
acerca de que las competencias no son sólo
las competencias sino que también dependen
de los estilos con que se gobierna.
(…)
Quiero plantear un esquema de cómo
podemos entender los desafíos que tiene
que responder un modelo de gobernanza basada en
la cooperación de actores. ¿Por
qué digo basada en la cooperación?
Porque estoy asumiendo que cuando hoy hablamos
de gobernar las metrópolis, la opción
del gobierno metropolitano como una estructura
concentradora de todo el poder, los recursos y
el conocimiento, está fuera de juego. No
estamos hablando de resolver estos temas por la
vía de la concentración de poder,
sino por una combinación de mecanismos
institucionales que concentran competencias y
también de un conjunto de redes de cooperación
voluntaria, pactos, acuerdos, compromisos.
Si asumimos esta perspectiva de una gobernanza
asociativa, lo que tenemos a la vista es un conjunto
de funciones, concretamente un esquema que plantea
cinco funciones que deben ser resueltas si queremos
contar con una gobernanza asociativa y eficaz.
Una primer función es la conducción
político-estratégica, tiene que
existir una conducción, una capacidad de
acordar orientaciones comunes y a los actores
en esas orientaciones comunes. Otra función
es la participación de actores públicos
y privados, la conducción alude más
a los consensos, a los pactos y a la autoridad;
la participación alude a la forma, a lo
que está como soporte de estos procesos
de conducción y que vincula estos procesos
de conducción a la diversidad de la demanda
social y las identidades.
Por otro lado tenemos un componente que hemos
denominado planificación regional colaborativa,
la capacidad de traducir esa conducción
que marca grandes líneas en una planificación
capaz de influir en las políticas concretas,
de hacer el puente de las estrategias a las políticas
operativas. Esa planificación regional
colaborativa probablemente no sea simplemente
la suma de las planificaciones de cada actor público,
sino que es un tipo de espacio donde se comparten
procesos de planificación.
Otro componente es la gestión del
conocimiento y el apoyo técnico; el tema
del conocimiento es clave porque construir gobernanza
también es lograr que un territorio sea
reflexivo sobre sí mismo, tenga
la capacidad de conocerse en su real dimensión.
Y existe una dimensión de gestión,
también planteada desde la lógica
multi-actores o inter-actores de la que se hablaba
hoy temprano.
A mi juicio un esquema de este tipo puede
ayudar a discutir en qué estamos fuertes
y en qué estamos débiles o qué
tan lejos estamos de empezar a completar un cuadro
que permita esta idea de gobernanza como un sistema
y como algo que es el emergente de un conjunto
de logros y no algo contenido en un decreto o
en una ley de creación de un consejo.
Las cuestiones a debate sugeridas a este panel
es lo que vamos a ver ahora, en primer lugar nos
preguntamos si es la metrópolis un territorio
esencialmente ingobernable; en segundo lugar nos
preguntamos en qué sentido es necesario
y posible gobernar la metrópolis cuando
existen tantas jurisdicciones y el poder está
tan fragmentado; cómo se puede construir
capacidad de construcción y acción
regional efectiva en nuestras regiones urbanas;
y ya yendo un poco más al caso de Buenos
Aires, qué caminos son posibles para construir
gobernanza metropolitana en la región metropolitana
de Buenos Aires. ¿Cuál sería
a su juicio la estrategia más conveniente
para avanzar? Y sobre todo, ¿por dónde
empezar y cómo seguir?
(…)


1
Para
más información del IV Foro Metropolitano:
http://www.metropolitana.org.ar/acciones/foro_metropolitano_2007.htm
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