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El economista
Fraschina presentó recientemente el libro
“Causas y consecuencias del fin de la convertibilidad”
(Ediciones Cooperativas, 2009) que analiza el
auge y derrumbe del modelo económico de
los ’90. En este artículo analiza
sus efectos sobre la metrópolis Buenos
Aires.
Luego de la crisis hiperinflacionaria desatada
a fines de la década del ochenta y que
obligó a la salida anticipada del Dr. Raúl
Alfonsín de la presidencia argentina, asumió
el 8 de julio de 1989 Carlos Saúl Menem.
Las políticas iniciadas por el gobierno
de Menem formaron parte de la aplicación
de un shock institucional neoliberal que generó
profundas transformaciones estructurales en la
economía y la sociedad argentina. Este
programa neoliberal se enmarcó en el denominado
Consenso de Washington.
En efecto, hacia fines de los ’80 y principios
de los ‘90 el Banco Mundial y el Fondo Monetario
Internacional produjeron un conjunto de propuestas
de política económica que fueron
sistematizadas bajo la denominación del
Consenso de Washington; estableciendo un conjunto
de instrumentos de políticas destinados
a resolver los “problemas de inestabilidad”
de las economías latinoamericanas.
Este conjunto de herramientas recomendadas por
los organismos internacionales se circunscribían
a la idea general de que los mercados son más
“eficientes” y “justos”
que las intervenciones del Estado a la hora de
distribuir la riqueza de un país y generar
un crecimiento económico.
Retomaban, de esta manera, la idea central desarrollada
por Adam Smith de la “mano Invisible”:
cada individuo buscando su propio beneficio logra
colaborar con algo que él no buscaba, es
decir, contribuir con el bienestar general. A
este fenómeno los neoliberales lo denominan
“efecto derrame”: al realizarse todas
las reformas estructurales propuestas esto generaría
un importante crecimiento económico que
terminaría beneficiando a toda la población
como resultado del “desborde” de la
riqueza a los sectores más vulnerable de
la sociedad. En este sentido, para Adam Smith
y los neoliberales, el interés individual
coincide con el interés general y, por
lo tanto, no existe la necesidad de una institución
que represente la voluntad general, como por ejemplo
el Estado.
El modelo implementado por Menem se ajustaba a
este contexto. Así las cosas, vale referirse
a los aspectos fundamentales del modelo de convertibilidad
que duró desde 1991 al 2001:
a) La existencia de un tipo de cambio fijo, es
decir, la convertibilidad automática de
la moneda nacional respecto del dólar norteamericano
dispuesto por una ley del Congreso Nacional;
b) El conjunto de reservas dispuestas por el Banco
Central de la República Argentina debía
ser equivalente por lo menos al 100% de la base
monetaria, lo cual garantizaba el total respaldo
del circulante monetario;
c) La prohibición de la actualización
monetaria e indexación de los precios y
de las deudas luego de abril de 1991.
Con este régimen económico se buscaba,
por un lado, prohibir la emisión monetaria
por parte del Banco Central para financiar al
sector público y, por el otro lado, evitar
la devaluación de la moneda nacional por
parte del gobierno. Ambos aspectos tendían
a lograr el objetivo explícito del modelo
de Convertibilidad que era detener el incremento
de precios generalizados, particularmente la hiperinflación
desatada a fines de la década del ‘80.
Este plan fue complementado con un conjunto de
políticas neoliberales que abarcaron el
programa de privatizaciones, la desregulación
de los mercados, la flexibilización del
mercado de trabajo, el vaciamiento fiscal del
Estado (AFJP) y la apertura comercial.
En términos de largo plazo, el régimen
de Convertibilidad fue una profundización
del modelo económico instaurado a partir
de la última dictadura militar y legitimado
durante el gobierno de Alfonsín.
Las consecuencias económicas más
destacables del régimen convertible fueron
un fuerte crecimiento de la deuda externa, la
fuga de capitales, la concentración de
capital, una creciente extranjerización
de la economía argentina y un abrupto proceso
de desindustrialización. Asimismo, esto
produjo un aumento de la desocupación,
la subocupación, el trabajo en “negro”,
la pobreza y la indigencia que se tradujo en una
suba de la exclusión social.
Esta desarticulación social que generó
el modelo de Convertibilidad, si bien fue un fenómeno
generalizado, se verificó estrepitosamente
en el Gran Buenos Aires. Con respecto al mercado
de trabajo mientras que el desempleo en el área
metropolitana aumentó del 5,3% al 19,0%
entre 1991 y el 2001, el subempleo y el trabajo
no registrado crecieron del 7,0% al 16,5% y del
30,6% al 37,8%, respectivamente.
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Esta regresividad del mercado laboral del Gran
Buenos Aires implicó un fuerte aumento
de la pobreza y la indigencia. En efecto, mientras
que la pobreza aumentó en el área
metropolitana entre 1991 y el 2001 del 16,2% al
25,5% de los hogares y del 21,5% al 35,4% de las
personas, la indigencia creció del 2,2%
al 8,3% de los hogares y del 3,0% al 12,2% de
las personas durante el mismo período.
Es decir, las consecuencias sociales en el Gran
Buenos Aires del régimen convertible y
de las políticas neoliberales aplicadas
por Menem demuestran el fracaso rotundo del “efecto
derrame” y de la concepción neoliberal
que propugna por el libre funcionamiento del mercado
y la no intervención del Estado.


1 El GEENaP es un espacio que reúne a economistas
e interesados en la materia. Nació en 2007
para reflexionar sobre el modelo económico
surgido en 2003. El libro “Causas y consecuencias
del fin de la convertibilidad” inaugura
la colección “Economía Nacional
y popular”. Para más información:
www.geenap.com.ar
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