|
Un sano hábito democrático se repite cada 24 de marzo. Miles de personas – muchos de ellos, muy jóvenes- se movilizan en distintos puntos del país para recordar y repudiar el último golpe militar. Son conocidas las atrocidades cometidas por la dictadura en el marco del terrorismo de Estado. Menos explorado es el programa económico implementado y sus consecuencias. La metrópolis Buenos Aires, después del terror, se transformó profundamente: aumento del desempleo, la pobreza y la indigencia; desarticulación del aparato industrial; sobre todo, destrucción de una vigorosa clase media y concentración de la riqueza.
Las series estadísticas existentes permiten comparar la fotografía de la metrópolis sacada en 1974 con otra obtenida en 1980. Los cambios son elocuentes. Así lo demuestra un estudio publicado por el sociólogo Artemio López (a partir de los resultados de la Encuesta Permanente de Hogares), que funciona como base del siguiente artículo.
A mediados de los ’70, la pobreza y la indigencia afectaban al 4% y al 2% de la población metropolitana. Se extendía una extensa clase media que abarcaba al 78% del total, lo que da cuenta del perfil equitativo a la región. En ese contexto, la brecha entre el 10% más rico y el 10% más pobre, era de 12 veces (!). El desempleo orillaba el 3% y la informalidad, el 18%. Era el auge del modelo de sustitución de importaciones que mostraba la mejor cara del Estado de bienestar. El gráfico 1 es muy preciso sobre la homogeneidad de la sociedad metropolitana y la fortaleza de los sectores medios.

Tan sólo seis años después, la metrópolis fue absolutamente otra. Los índices sociales se desplomaron: la pobreza se quintuplicó (alcanzó al 20%) y la indigencia se duplicó (4,3%). El índice Gini, indicador útil para medir la desigualdad social, pasó de 0,3642 a 0,4134 en tan sólo cinco años, producto principalmente de un nivel inflacionario superior al 87% anual promedio.
De esta manera, la sociedad metropolitana (puede extrapolarse a lo sucedido en todo el país) comenzó un proceso de polarización que se profundizará en la década de los 90. En ese marco, los sectores medios se redujeron considerablemente: del 78% al 38%; del mismo modo, se multiplicaron los pobres y los sectores medios-bajos.

El análisis de López concluye lo siguiente: “La sistematicidad y profundidad de la inflación se constituyó rápidamente en el dispositivo central de empobrecimiento de vastos sectores comunitarios, asalariados, empleados, profesionales bajo relación de dependencia, en un contexto político de clausura sindical, disolución de la CGT, intervención de los sindicatos, clausura de las actividades gremiales y la eliminación del derecho de huelga”. Y agrega que el salario real cayó durante la dictadura un 18%.
Achicar el Estado
Una frase célebre y promisoria fue pronunciada por José Alfredo Martínez de Hoz, primer ministro de Economía de la Dictadura: “achicar el Estado para agrandar la Nación”. La segunda parte de la frase nunca fue explicada y no hay elementos para pensar que algo así haya ocurrido; sin embargo, la afirmación inaugural muestra uno de los objetivos centrales del golpe militar: desmontar el Estado de Bienestar consolidado en nuestro país desde la segunda parte de los cuarenta. Ese Estado había funcionado como mediador entre los diferentes sectores sociales para generar niveles inéditos (en la Argentina hasta ese momento, también en relación a Latinoamérica) de distribución de riquezas.
Durante el período que va desde los 40 hasta el Golpe, Argentina consolidó un desarrollo industrial, que tuvo como ejes centrales al mercado interno (destinatario de las manufacturas generadas) y al empleo como política social. Se constituyó un círculo virtuoso: mejoras sociales, robustez del mercado interno, mayor demanda, crecimiento de la producción local, etc. En este marco, el salario se convirtió en una variable nodal de todo el esquema (cuanto más fuerte, mejor).
El economista Eduardo Basualdo describe el cambio de época: “la dictadura militar modificó el régimen social interrumpiendo la industrialización basada en la sustitución de importaciones que en ese momento se encontraba en los albores de su consolidación. El nuevo régimen estuvo en consonancia con el orden neoliberal que acabó con la economía mundial surgida de la posguerra y se sustentó en la valorización financiera, cuyo predominio en el país se prolongó hasta el año 2001”1.
Con el nuevo sistema, “de valorización financiera”, el salario “pasó a ser visualizado como un costo en lugar de ser percibido como un factor de demanda”, como sostienen los economistas reunidos en el Grupo de Estudios de Economía Nacional y Popular (GEENAP)2. Así las cosas, el ingreso de los trabajadores perdió valor real y disminuyó su participación en el PBI. El neoliberalismo desestructuró el aparato industrial, abrió la economía y trasladó riquezas hacia el sector financiero.
Para implementar dicho programa económico fue necesario un terrorismo de Estado que acallara toda organización popular y cualquier posibilidad de resistencia. De esta manera, pueden comprenderse mejor los centros clandestinos de detención de personas que se multiplicaron en Capital Federal y el Gran Buenos Aires. Como también la desaparición de miles de dirigentes sindicales y militantes políticos.


1 Basualdo, Eduardo, 13 de Marzo de 2006, Suplemento Cash de Página 12.
2 Ver “El Modelo económico de la dictadura” en http://agenciapacourondo.blogspot.com/2009/03/el-modelo-economico-de-la-dictadura-por.html . Para más información sobre el GEENAP ver www.geenap.com.ar
|