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: Usted participa de EIRD, Estrategia Internacional para Reducción de Desastres, de ONU. ¿De qué trata el programa?
Ricardo Mena: La Estrategia Internacional para la Reducción de Desastres (UNISDR) es una secretaría interagencial de las Naciones Unidas, cuyo mandato es coordinar, promover y fortalecer la Reducción del Riesgo de Desastres (DRR) a nivel global, regional, nacional y local. La UNISDR secretaría trabaja para lograr un mundo sin pérdidas innecesarias por los desastres – persiguiendo una misión guía para catalizar, facilitar y abogar por acciones que protegerán vidas y los medios de subsistencia ante el impacto de las amenazas naturales. La EIRD es un sistema global de socios, conformado por un amplio rango de actores - gobiernos nacionales, organizaciones intergubernamentales, sistema de la ONU, ONG, instituciones locales y comunitarias, el sector científico-académico, universidades, y otros - que busca generar y apoyar la reducción del riesgo de desastres a todo nivel.
: ¿Cuáles son las hipótesis de desastre que ustedes manejan?
Ricardo Mena: Primordialmente, los desastres no son naturales, existen fenómenos naturales que constituyen un elemento del riesgo (huracanes, terremotos, tormentas, sequías, etc.) y por otro lado existe la vulnerabilidad de las personas y sociedades que es el otro elemento del riesgo. Cuando se juntan estos dos elementos se dan los factores para que se presente una situación de desastre. Usualmente mientras más pobre y marginal sea una población más vulnerable ante eventos naturales es, y menos capacidad de resiliencia posee. Para realmente hacer una labor de prevención efectiva es muy importante promover el desarrollo sostenible, lo cual implica planificación en todo sentido de los asentamientos humanos, incorporando la variable riesgo. En relación al cambio climático, no son pocos los especialistas que prefieren una mirada más matizada para referirse a sus consecuencias en el corto plazo.
: En relación al cambio climático, no son pocos los especialistas que prefieren una mirada más matizada para referirse a sus consecuencias en el corto plazo. ¿Cuál es su evaluación? ¿Debemos ser apocalípticos?
RM: Los efectos del Cambio Climático están aumentando la frecuencia e intensidad de fenómenos hidrometeorológicos que impactan sobre las poblaciones. Esto implica que se deben tomar mayores medidas para adaptarse a las nuevas condiciones del ambiente y para reducir el actual impacto de la variabilidad climática, como base para fortalecer los procesos de adaptación para lo cual la reducción del riesgo de desastres es un componente indispensable.
: ¿Debemos ser apocalípticos?
RM: Debemos adaptarnos a las nuevas condiciones que se están dando y mitigar el calentamiento global. Es decir, debemos atacar la causa raíz del problema, orientándonos hacia un desarrollo que contemple la reducción de las emisiones de gases efecto invernadero, a la vez que fortalecer los procesos orientados a reducir el impacto de las nuevas condiciones climáticas y aprovechar sus oportunidades.
: En una de las últimas publicaciones de EIRD se destaca la planificación estratégica como herramienta para prever desastres. ¿En qué sentido lo plantean? ¿Cuáles son las ventajas?
RM: La planificación de los asentamientos humanos, comunidades y ciudades cobra cada vez más importancia, y esto va a la mano con la puesta en práctica de políticas de desarrollo sostenible que hagan que nuestras poblaciones sean menos vulnerables y más resiliente antes las amenazas naturales. Hay que involucrar a todos los actores sociales en este proceso, gobiernos, sociedad civil, sector académico, sector privado y sobre todo a la ciudadanía.
: Durante los treinta años que van desde 1975 hasta 2001 (las fechas varían según los países) se implementaron en la región políticas neoliberales. Que desalentaban cualquier intervención estatal (las tesis de un “estado achicado”), la planificación a largo plazo, con políticas basadas en variables económicas. En primer lugar, le pregunto ¿Coincide con esa rápida evaluación? En segundo lugar, ¿qué consecuencias tuvo sobre los países, sus desarrollos urbanos, sobre la construcción de metrópolis?
RM: Durante casi dos décadas se produjo una promoción de políticas económicas de tipo liberal en América Latina que fueron acogidas por los gobiernos en diferente medida y con diferentes grados de implementación y alcance. En relación a la segunda pregunta, es una pregunta muy compleja que no tiene una respuesta única ni simple. Quizás puedo mencionar que en el caso de América Latina se ha registrado el crecimiento de centros urbanos en donde conviven dos realidades: una realidad del primer mundo, acompañada por zonas marginales en las que habita población de muy escasos recursos. Los factores que pueden llevar a esto son múltiples por lo que no podríamos afirmar que se son atribuibles únicamente a la aplicación de un modelo económico u otro. Sin embargo sí se podría afirmar que estas tienen relación directa con la planificación urbana (o su ausencia) y la promoción del desarrollo sostenible (o insostenible). Cuando se planifica un asentamiento humano tomando en cuenta las características físicas del lugar, las amenazas a las que está expuesta, sus recursos e instituciones y su población, se está trabajando en desarrollo sostenible, que tiende a elevar el nivel de vida de las personas y por ende aumenta su resiliencia ante amenazas de origen natural, protegiendo así a las personas de ser afectadas por desastres.
: ¿Qué herramientas debieran incorporar – o profundizar – los Estados para estar bien preparados para los desafíos que propone el nuevo milenio?
RM: Quisiera anotar cuatro que creo son las más importantes: adaptación al cambio climático; planificación urbana que incorpore la variable riesgo de manera transversal; promover políticas tendientes al desarrollo local sostenible y promover la participación del sector privado y la ciudadanía e involucrarlos en proyectos comunitarios.

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