“La complejidad del Área Metropolitana, la diversidad de los actores públicos, privados, metropolitanos y locales, la superposición de jurisdicciones político-administrativas, su extensión territorial, los diversos modelos de acumulación política, dificultan la gobernabilidad de un aglomerado que debe ser tomado como una unidad para solucionar sus problemas y potenciar su desarrollo (...) La metrópolis es una construcción que es percibida por quienes tienen conciencia de esta realidad, la estructura urbana subyacente, la multiplicidad de relaciones y de flujos definen la trama que la configura. Es posible proponer asociaciones de municipios guiados por compromisos voluntarios detrás de temáticas sectoriales o territoriales en virtud del reconocimiento de la realidad metropolitana (...) La conurbación se derrama sin carácter ni calificación por el territorio, una extendida periferia se produce sin identidad y con carencia de espacios públicos y servicios. La generación de condiciones de urbanidad es una necesidad igualadora y democrática para estas formas urbanas y lograrlo es un gran desafío de nuestra época. Este fenómeno, resultado del proceso de urbanización generalizada, nos plantea la necesidad de un nuevo concepto de ciudad, un espacio de articulación que debe ser pensado en virtud de nuevos parámetros tecnológicos de gestión y planificación. (...) Una visión pesimista de las ciudades tal como las concebimos hoy, indica que éstas pueden diluirse o aún desaparecer en un continuo urbano sin calificación”.

Arq. Carlos Lebrero,
durante las III Jornadas UGYCAMBA, octubre 2000.